“…estaba tan excitada por los
acontecimientos, tan angustiada por su irresolución, que apenas quedaba espacio
en mi pensamiento para poder interesarme por otras cosas, fueran comidas
exquisitas, conversaciones inteligentes, campanadas a medianoche o brindis para
celebrar la entrada de nuevo año…”
Este libro, para mi sorpresa, tiene una muy
baja puntuación en goodreads, hasta la fecha no entiendo por qué, su principal
critica es que es muy lento y/o que no pasa nada, que el final está “ahí”. Por
un lado, lo comprendo, entiendo el hecho de que no sea un libro para todos, es
más, me sorprendería que lo fuese, por su tono bastante reflexivo, que raya en
lo melancólico. Sí, en la contraportada, su sinopsis vende un misterio que da a
la novela ínfulas de thriller, generando al lector una confusión a causa del ritmo,
de la forma cómo se aborda el tema.
El misterio sí está presente, es, en realidad,
la razón de la historia, pero cercar esta obra con esos parámetros es eliminar
la mejor parte, Regàs se permite explayarse a través de Aurelia (nuestra
protagonista) con sus opiniones sobre política, amor, duelo, tiempo, edad,
luto, y sin resultar repetitiva, escribe desde el dolor, expresa los problemas
de una forma poética, pero aun así terrenal, tiene la habilidad de hacerte
comprender por lo que está pasando, en especial, cuando habla de la depresión,
describe tan bien (en serio excelente) ese sentimiento de aislamiento, de
culpa, de miedo y de falta de ganas por todo, de una forma tan simple, con símiles
tan ingeniosos, y todo a su debido tiempo.
“Pero en mi interior, lloraba,
lloraba y gemía de desconsuelo y pesar, con la facilidad que se nos concede
cuando bebemos grandes cantidades de alcoholes suaves. Lloraba mi alma en sus
profundidades, mientras mis ojos entornados se aislaban del mundo, conscientes
de que ninguna sombra habría de interponerse entre el sol y yo, ninguna imagen
se materializaría para suavizar mi congoja, ni para sustituirla por otra
congoja menos dolorosa, menos irreversible, menos irremediable. ¿Qué será de mí
ahora?”
Lucha contra la sociedad, discute el papel
de la mujer en esta y qué considera éxito ella frente a la imagen del mismo que
se proyecta la época, su estilo narrativo
le permite embellecer cualquier escena, cualquier acción por más cotidiana trae
un simbolismo tan significativo para la psiquis de nuestra protagonista que
aunque la opinión general es que no pasa nada, es un mundo entero con guerras y
destrucciones lo que está ocurriendo, pero sí, no es para todos, o tal vez sí,
pero no para cualquier momento en la vida.
En otro apartado, el misterio y la razón del
título se dejan entrever muy temprano en la novela, aun así, nunca te deja
estar completamente seguro sino tiempo después, todo toma un giro mucho más sórdido
de lo que planteaba la sinopsis con la idea del thriller, para volverse, a mi
parecer, una novela negra de las más inquietantes que he podido leer, pues no te
impacta de un solo golpe, te deja la duda, te siembra la zozobra, te deja que
pienses en lo que leíste y ese es el verdadero final, lo que no se cuenta, lo
que más te preocupa, te inquieta, y te acompaña se sentimiento hasta mucho después,
como final te deja mal sabor de boca, pero como historia, te conquista.
“Al paisaje le da igual lo que
ocurra, el paisaje sigue en pie hasta que lo destruye la mano del hombre, pero,
si escapa a ella, permanece impávido frente a nuestras angustias y dolores, él
y su inmutable devenir. Incluso la muerte es diferente. Podría morir yo ahora
mismo y el paisaje no se inmutaría, ni un leve temblor en las hojas de los
árboles, ni una nota falsa en el trino de los vencejos, ni un sobresalto en el
dulce movimiento de las nubes.”
La novela, su ambiente y sus personajes
exudan malicia, desconfianza, la tensión es tal que resulta una suerte de
manto, nada es seguro, nadie es confiable, todo se va cargando de algo que no
sabes muy bien que es, pero que intuyes como un sentimiento de profunda e
inevitable fatalidad.
La dueña de la casa y la guarda de llaves,
hacen una dupla donde el amor y el odio chocan constantemente, donde el
desprecio va de la mano con la admiración, donde excitación y deseo terminan siendo
lo mismo que la más pura repulsión, increíblemente psicoanalítico, la dualidad en
todo es de admirar.
“Mi casa, pensé, yace en una
sombra más oscura que la noche misma, mi casa está muerta. ¿Pero es mía esta
casa? Qué extraño no reconocerla como propia sino como un simple decorado en el
que me muevo desde hace tiempo, tal vez familiar pero ajeno a mí, un decorado
en el que acaban de ocurrir hechos que tampoco reconozco, que no tienen que ver
conmigo.”
Claro está, si no les gusta la novela contemplativa,
pues es la forma más acertada de describirla, no les va a gustar esta, pero si les
gustan narraciones como las de Cortázar, del estilo contar sin contar, con ese
juego de sombras perpetuo, es su novela.
Otras citas que vale la pena leer:
“¿Ha pensado alguna vez de qué
vivimos los que no podemos vivir del dinero?”
“Soy de los que prefieren que
ganen estúpidos antes que votar en unas elecciones. Ya casi somos mayoría.”
“La edad no perdona, la edad nos
arrebata lo mejor de nosotros mismos, ésa era una justificación. Pero sabía que
no era la edad la que me había arrebatado la pasión, el coraje y la vida, sino
que, de haberlos tenido alguna vez, habían sido la cobardía y el ansia de
seguridad las que habían elegido un paisaje en el que no podía fructificar más
que la rutina.”
“<<Sí, tú, no hace falta
tener motivo para estar deprimido. De hecho, se está deprimido al margen del
motivo.>>”
“Y cuando caía la noche, envuelta
en el vaho de una casa deshabitada, sin ánimo de prender las luces (…) entraba
en el ámbito de la desolación y de la inquietud que me trastornaba y me
enfurecía (…) e incapaz de vencer la pereza que me producía la sola idea de
lavarme los dientes, una pastilla y a dormir, y me metía en la cama con el
ansia de alcanzar el estado de somnolencia que habría de liberarme de la
inquietud, ¿era inquietud? No, era apatía, una profunda apatía que me impedía
reaccionar, largarme a otro lugar, llamar por teléfono (…) ir al cine, volver
al trabajo o pasearme por la ciudad, llamar a los amigos. Y sin embargo, ahora
tenía la sensación de que todos me habían abandonado a mi suerte. Y no es que
no pudiera llamarlos y volver a la vida, sino que no sabía cómo hacerlo, no me
habría atrevido a confiar a nadie, ni siquiera a mí misma -pensaba en los raros
accesos de lucidez que se abrían paso en mi entendimiento-, lo que me estaba
ocurriendo. Como si me hubiera ido tan lejos que ya no pudiera retroceder,
aminorar el paso para encontrarse con el de ellos, como si ya no hubiera camino
de regreso.”

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