lunes, 1 de enero de 2018

Baila, Baila, Baila | Haruki Murakami



“Nada ha cambiado, me decía. Las cosas son siempre, siempre, siempre las mismas. Cambia el año, y unos grupos sustituyen a otros. En todas las épocas ha existido es absurda música de usar y tirar, y seguirá existiendo en el futuro. Igual que los cambios en la marea provocados por la Luna.”

     Murakami en definitiva no es para todos, o lo amas o lo odias, y sinceramente no sé por qué habrían de odiarle, a mí me parece mágico, tal vez solo es porque soy un postmoderno rancio que le gusta lo intrincado y raro y usa “bizarro” a cada rato en su sentido anglosajón, o tal vez, a los que no les gusta son precisamente a los que acabo de describir, de cualquier manera, no es para todos, polariza a las masas, por lo que en realidad es muy buenas idea, y casi necesario, que cada quien lo lea, para poder opinar sobre él.

     En mi caso, este es mi cuarto libro del autor, la segunda novela, y como mi primer encuentro fue con Tokyo Blues, si no hubiera leído dos antologías suyas, nunca hubiera entendido el cambio, pudiéndome parecer brusco en ese momento, pues esta novela es un cambio de 180º en cuanto a tipo de historia, sí, hay romance, sí, hay angustia por el cambio (en realidad esto es lo comun en todos sus escritos) pero dista de la historia de adolescencia y pasa a un terreno de adultos, miedos, seres surreales, espacios fuera del tiempo, de premoniciones y deja-vús.

“Quien vive solo acaba prendiendo ciertos trucos. Son indispensables para sobrevivir.”
“-Entones, ¿qué hago?
-Lo único que puedes hacer. Crecer.
-No quiero crecer.
-No hay más remedio -le dije-. Todo el mundo crece, lo quieran o no. Todos nos hacemos mayores, y así nos enfrentamos a nuestros problemas. Lidiamos con ellos hasta morirnos. Siempre ha sido así y siempre lo será.”


     Es realismo mágico, y me parece que está tan bien llevado, que sientes posibles los hechos, llega a ser tétrico, se notan las ganas de inquietar, y lo logra, la narración se siente fácil, hasta el momento donde suelta unas reflexiones que resultan inesperadas y, por eso, calan en ti. Aparte, cuente lo que cuente, siempre te genera desasosiego, hay una fatalidad omnipresente, y aún así te encariñas con los personajes, al punto en que no quieres que termine, y si termina, que no le pase nada a nadie, que por favor no le pase nada a nadie, incluso a los que hacen acciones malas, terminas entendiéndolos, te dan ternura o lastima, te enojan, te enojan y quieres protegerles, bueno, eso fue lo que me pasó.

     Otra cosa que alabar de él es su facilidad para crear símiles, metáforas y comparaciones raras, poco comunes, ideas que se entrelazan y te quedas como ¿???? ¿Cómo lo logra? ¡Esto en serio tiene sentido! Todo parece calmado, pero esa calma es superficial, siempre hay algo ahí que lucha por salir a la luz, que los personajes intentan ahogar, en sus mundos, en los mundos de Murakami, una mirada, una frase, la entonación de una frase, la respuesta monosilábica de alguna pregunta, son suficientes para crear una pelea interior, para mostrar por completo el pasado y el futuro de estos seres y de su relación.

“Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí. Así son las heridas: no se pueden coger y mostrar; las únicas que se pueden mostrar son heridas menores.”

     Su estilo es contemplativo, puede que no pase mucho, en términos de acción, en la narración, pero siempre está pasando algo en segundo plano, y los simbolismos lo son todo, por lo que, en serio, pienso, que puede que a muchos le parezca sobrevalorado, incluso engreído y, bueno, postmoderno, pero a mí me parece un genio, y no se toma mucho en serio, lo que ayuda a bajar las ínfulas de grandeza que se le pueden adjudicar, si a eso vamos, en esta novela hay una conversación un poco extensa sobre uno de los personajes, que es escritor, adinerado, y que se cree la gran vaina, cuando su misma hija sabe que no es más que alguien con quizás un par de novelas buenas, y que estas fueron las primeras de su carrera.

     Entre otras cosas, si he leído por ahí que Murakami tiene una seri fijación con las orejas, al punto de lo enfermizo, y ciertamente está presente, siempre hay frases donde se alaban las orejas de las musas de los personajes, y a mí, discúlpenme por no tomarlo en serio, me parece muy cómico, o sea, quien, ¿¿¿QUIEN SE TOMA EL TIEMPO DE DESCRIBIR LA BLANCURA DE UNA OREJA??? Lo amo, so no puedo ser crítico en ese sentido.

“No sé cómo explicarlo. Es sólo una impresión -proseguí-. Cuando hay mucho que contarse, es mejor hacerlo poco a poco. Eso creo yo. Aunque puede que me equivoque…”

     En fin, en serio pienso que todos deberían leer a Murakami, al menos una vez, y no quedarse con lo fácil, que en este caso es Tokyo Blues, sino irse directamente con cosas como sus antologías, para saber si te agrada o no, su punto de vista.

Otras Frases, que creí importante sacar a relucir, son:

“Y es que, puestos a escribir, se puede escribir lo que sea.”

“A veces, si uno no se libera de esas cosas, acaban hinchándose dentro de uno. No somos capaces de controlarlo. Si no dejamos escaparlas, ¡bam!, acaban explotando. Vivir con eso es más complicado, como si llevaras a la espalda una carga pesada. No se lo puedes contar a nadie, nadie te comprende. Pero nosotros nos entendemos. Podemos sincerarnos el uno con el otro.”

“Esperar a que sucediera algo. Siempre había sido así. Cuando se llega a un punto muerto, no hay que precipitarse. Si se espera pacientemente, algo sucede. Algo llega. Sólo hay que abrir los ojos y esperar en la penumbra a que algo empiece a moverse. Lo sé por experiencia. Cuando llega el momento, se mueve.”

“Así eran nuestras conversaciones. Si alguien nos hubiera escuchado, habría pensado que todo era broma. Y, sin embargo, no podríamos hablar más en serio.”

“Lloramos por todo lo que tú no puedes llorar (…) Derramamos nuestras lágrimas por todas las cosas por las que tú no puedes derramarlas, al llorar alzamos la voz por todo aquello por lo que tú no puedes alzarla.”

“Todavía lo sentía. Era más real que la propia realidad. La realidad no había recobrado suficiente realismo.”

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